jueves, 17 de noviembre de 2022

Post 7_Esther

 “¡Ya casi es el día de Reyes!” gritaba mi hermano menor al ver las roscas de venta. Yo emocionadamente le pregunté a mi mamá, “¿Podemos comprar una rosca? No sé por qué celebramos el día, pero el pan es muy rico.” Mi mamá con una sonrisa, me dijo que sí.

Al llegar del supermercado, mi papá nos preguntó, “¿Han escrito una carta para los reyes?”. Mis hermanos y yo entramos corriendo a la habitación por el pasillo de la casa para poder agarrar papel y unos lápices. Sabíamos que no debíamos pedir regalos muy grandiosos, ya que mis padres siempre nos decían que había cientos de otros niños esperando regalos, por lo cual sería un viaje pesado con equipaje adicional para los reyes. “Yo pondré un ‘caro’ chico para jugar con Iván” menciona mi hermanito. Luego me preguntó, “¿Qué vas a escribir tu?”. Me puse a pensar, y en realidad no sabía que quería, pero luego pensé en algo, yo sabía que probablemente no se podía hacer realidad pero a la temprana edad que tenía, todo era posible. Le respondí, “¡quiero una bicicleta!”. Mi hermano respondió, “Wow!!! a lo mejor si pueden regalarte una y así aprenderemos juntos a usar una bicicleta!” 


Con felicidad y esperanza, regresamos a la sala de la casa. Mis papás sentados en el sillón, nos avisaron que pusiéramos un zapato junto a la puerta para que fuera más fácil para los reyes regalarnos algo pequeño. Al día siguiente, mi hermano menor y yo nos despertamos temprano, al llegar a la ubicación de los zapatos, no encontraba mi zapato. “Me dieron el ‘caro’ que pedí Esther!!” decía mi hermano. Mis papás mirando mi reacción, me preguntan, “¿Dónde está tu zapato?”. Al escuchar esas palabras fui a buscar mi zapato y lo encontré colgando de la nueva bicicleta en el patio! Me subí a la bicicleta y mi sonrisa no se desapareció hasta que llegó la noche. 


Para entonces, tenía siete años, y aún creía que los reyes llegaban por la ventana a regalarnos algo aunque fuera algo pequeño como cinco dólares. El día que me di cuenta de que los Reyes Magos no eran verdaderos, me enteré de los sacrificios de mis papás para poder hacer un día simple, muy especial para mí. Fue el día en que aprendí de la importancia del agradecimiento y la triste realidad de que mis padres nunca habían podido vivir lo que yo sentí, porque la infancia de ellos consistía en trabajar y ayudar a sus padres. 





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