Como voluntaria he aprendido un montón de cosas sobre Madrid y sobre las diferentes culturas que existen. Al igual he dejado mi huella. Compasión y madurez emocional fueron cosas que les enseñe a los pequeños en la Fundación Balia. Me acuerdo de un momento en que dos niñas de la clase tuvieron un malentendido. Una pequeña, Victoria, no quería jugar con la otra porque según ella, le enfadaba. Génesis al escuchar eso se puso triste y se aparto del grupo. Hablé con las dos, asegurando que lo más importante de la vida es saber compartir y ser amables, ya que todos viven vidas diferentes y difíciles. Luego hable sobre como poder controlar las emociones y cómo comunicarse entre ellas para no faltarle el respeto a nadie. En fin, fue un placer ayudar a las comunidades de Madrid y le doy gracias por darme la oportunidad de conocer diferentes perspectivas culturales.
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